Delectura

Eleanor Oliphant está perfectamente Gail Honeyman

Honestamente, creía que Eleanor Oliphant está perfectamente no sería para mí. Pero eso es algo que me ha pasado muchas veces. Hasta que, hablando de Eleanor, llegué a esta parte: «(…), tez clara y una cara que era un palimpsesto cicatrizado de fuego (…).» Tuve que buscar la palabra “palimpsesto”, incluso en silencio me costaba pronunciarla.

Esto es lo que dice el diccionario de la RAE, solo tiene una entrada: m. Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente.

Cada uno que haga sus conjeturas, yo formé las mías y continué con la historia que había iniciado sobre una chica de treinta años que trabaja en un estudio de diseño gráfico. La ‘rarita’ solitaria que ha ido de aquí para allá, inteligente y un poco sabelotodo. Con sus rutinas, muy pragmática y cumplidora. Más bien desconectada de un exterior que le resulta bastante difícil de interpretar y con algún trauma interior y anterior que va sobrellevando. Manifiesta dificultades para socializar, pero al fin y al cabo quién no las tiene, y las interacciones prolongadas parece que no son lo suyo (esto me hizo mucha gracia). Fruto de un incidente pasado que se intuye truculento (no voy a revelar detalles) sé que tiene algo físico en la cara, que, aunque no parece acomplejarla, sí agudiza su sentido del humor y de la literalidad. Una mujer que, de acuerdo, simplificando de este modo, no tendría por qué atrapar. Si no fuera porque esta chica con muchas cicatrices es muy singular.

A lo mejor por eso mismo me imaginaba un buen cuento con cierto sabor a mito, divertido, con un toque romántico, algún misterio y posiblemente aderezado con un trasfondo crítico (soft) que llevarse a la cama, lo cual está muy bien. Pero no fue exactamente así, o no para mí. Esta novela ligera, amena y muy entretenida, esa lectura ‘de antes de acostarse’ es también (o fundamentalmente) un aprendizaje sobre la soledad y la ternura con el que podrías topar al doblar la esquina si alzaras la vista.

Eleanor define su historia como la de una superviviente solitaria, y a sí misma como una entidad autosuficiente. ¿Y qué le ocurre a alguien acostumbrado a la soledad cuando tiene un crush, un flechazo de toda la vida, vaya, con un músico desconocido en un concierto absurdo al que en la vida se le habría ocurrido asistir?

La buena racha, que es la primera parte, está bien, agridulce y cómica. Eleanor trata de reinventarse con un primer nivel de transformación para dejar a un lado lo platónico: depilación Hollywood, manicura Capricho Deluxe, peluquería con corte y color, pitillos, botines y maquillaje Bobby Brown. El objetivo es tener novio y a la larga un marido, que es lo que esperaría mamá (la misma que la llama esperpéntica y despreciable). Y mientras, aparecen Raymond, el informático de la oficina, y su madre, la entrañable Sra. Gibbons. Y el anciano viudo Sammy y su encantadora familia. Episodios de diario, con risas, llantos y roces casuales. Una normalidad imperceptible para quien no necesita mimetizarse, abrumadora para quien atrae miradas, produce cuchicheos y vuelve cabezas.

Pero los dioses pueden tener muy mala leche y a la Eleanor mate, apagada y roma no le tocó el Cupido bueno. La mala racha, que es la segunda parte, es genial. Eleanor Oliphant no es ningún monstruo de feria, es atrevida y valiente, y como a su planta Polly, por muy fuerte que sean sus raíces, necesita que la rieguen, que le dé el sol, que le hablen y que la traten con cariño.

«En el corazón tengo cicatrices igual de gruesas y feas que las de la cara. Sé que están ahí. Pero espero que quede algo de tejido sano, un pequeño retal por el que pueda entrar el amor y colarse dentro. Ojalá.»
Eleanor Oliphant está perfectamente, Gail Honeyman. Trad. Julia Osuna Aguilar, Roca Editorial 2017.

Y es ahí donde Eleanor me ha conquistado. Al final una sensación cálida sobreviene, una historia sobre el cariño, la bondad y la ternura que existe a tu alrededor, sin aspavientos. Siempre hay espacio para la luz, para que crezca verde, sea musgo, hierba o árbol. Y no importa como de profundo sea el pozo del afecto, todos tenemos cicatrices visibles e invisibles, puede incluso que nos falte una mitad por arreglar. Sí Eleanor, por cualquier grieta puede colarse la humanidad. Y a lo mejor es entonces, al alzar la vista y sonreír, cuando algo te dice que estás perfectamente.

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Comentarios publicados

Hoooolaaaaa!!!! Me están gustando las reseñas que escribís. Esperando ya la próxima!!! 📚❤️

MixMax

Una historia plena de humor, dolor, fortaleza y vulnerabilidad. Me reí, lloré y disfruté del viaje con Eleanor Oliphant hasta el final.

Sandra Valle

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