Delectura

La devoción del sospechoso X Keigo Higashino

La devoción es un sentimiento de profundo respeto y admiración inspirado por la dignidad.*

Si no has leído esta novela te recomiendo que lo hagas. Puede que no sea fácil encontrarla, a la fecha de mi lectura estaba descatalogada. Cómprala en libro electrónico, tira de biblioteca o búscala en librerías de segunda mano.

Yo la empecé con cierta expectación. Y cuando la terminé volví a la primera página; releí el primer párrafo; localicé la bicicleta, la verde; y me pregunté por lo que no supe ver al principio. Así se desvela La devoción del sospechoso X. Cobra sentido mirando hacia atrás. Justo en ese espacio intermedio de incredulidad que precede al éxtasis final de una buena policíaca, me hallé deseando que el crimen quedara sin castigo y el delito sin condena.

Sobre la dignidad podremos discutir, pero no sobre el sacrificio desproporcionado, irracional e inimaginable de inocentes escogiendo ser culpables.

Tokio. Tetsuya Ishigami es un profesor solitario y reservado; un matemático muy minucioso; un hombre inexpresivo, inescrutable e imperturbable. Cada día recorre el mismo camino al trabajo desde su apartamento en el barrio de Morishita. Misma hora, mismos minutos. Siempre a las 07:35. El modo más rápido y sencillo de llegar al instituto donde da clases es andar veinte metros en dirección sur hasta la Avenida Shin-Ohashi y de allí ir directamente hasta el parque Kiyosumi Teien. ¿Qué motivo podría ser lo suficientemente poderoso para desviarse, peregrinando en dirección contraria? La devoción.

Ishigami prefiere pasar por el Bententei, un pequeño establecimiento de comida tradicional japonesa donde sirven un bento delicioso. Y no es porque tenga hambre. Es porque detrás del mostrador con su gorro blanco está Yasuko Hanaoka ofreciéndole cada día, además del especial de la casa, una sonrisa amable y una voz simpática. Esa es la única razón para dar un rodeo.

Antes Yasuko Hanaoka trabajaba en un bar nocturno, el Kinshi-cho. Yonezawa era uno de los clientes habituales, y su esposa, Sayoko, era la encargada. El matrimonio soñaba con un negocio propio de bento. Sayoko no tenía la intención de pasarse la vida siendo madame de un garito de copas, Yasuko tampoco. Así acabó en el Bententei. A Yasuko el cambio le pareció algo lógico teniendo en cuenta que a medida que su hija Misato fuera creciendo lo más probable es que acabase sintiéndose avergonzada. Si a eso le sumamos que se había divorciado hacía cinco años de Shinji Togashi, un desgraciado del que mejor alejarse, nueva ocupación y apartamento sin duda prometían un buen plan de vida. Si Togashi no hubiera vuelto para arrastrar a Yasuko de nuevo al infierno, habría funcionado.

Con Ishigami a Yasuko «Le ocurría lo mismo que con las grietas de la pared de su apartamento: aunque sabía que estaban ahí, no era especialmente consciente de su existencia. Más aún, estaba convencida de que tampoco era necesario saberlo». Pero esto era al principio. Como dice Ishigami «A veces, una persona puede salvar a otra por el mero hecho de existir.»

– Señora Hanaoka (dijo Ishigami), una mujer sola no puede ocuparse de un cadáver.

¿Una vecina en apuros? Demasiado simple. Esta singularidad policíaca trágica, de elegancia espartana y un toque clásico es una trampa, un rompecabezas, un enigma, un problema complicado. Y el inspector Kusanagui de la brigada de homicidios sabe que puede resolverlo utilizando el pensamiento lógico de Manabu Yukawa, un doctor en física de la Universidad de Teito de extremada agudeza. El único capaz de competir en ingenio con Tetsuya Ishigami. Simulación contra observación.

Yukawa se encogió de hombros y arrugó la nariz.
– Quién sabe. Por cierto, me acabo de acordar de un nuevo problema de matemáticas. Tal vez puedas pensar en él cuando tengas un rato.
– ¿En qué consiste?
– ¿Qué es más difícil, elaborar un problema que la gente sea incapaz de resolver o resolverlo? Por supuesto, no es broma, la cuestión tiene respuesta. ¿Qué te parece?
– Muy interesante (dijo Ishigami, mirándolo a los ojos). Lo pensaré.
Yukawa asintió con la cabeza y giró sobre sus talones. Luego echó a andar hacia la avenida principal.

Esta novela es de las de que se elaboran aprovechando los ángulos muertos que generan las ideas preconcebidas. Hervirás con teorías, hipótesis y conjeturas que se evaporarán por sus cabos sueltos.

«Porque el genio escoge una sencilla táctica de ocultación, algo que resulte inimaginable para el común de los mortales.»

Ishigami es devoción. Y lo que resulta sospechoso, es la devoción.

*Eso me dice Google

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